lunes, 19 de enero de 2009

MADRUGADA LOMENSE

Enciendo un cigarrillo, abro la persiana y me pongo a escribir. Pero entre el abrir de la persiana y el ponerme a escribir, sucedieron cosas. Primero, escuché el sonido de un murciélago volando cerca, y todavía anda volando por ahí, emitiendo sus chillidos histéricos. Cada vez más cerca. Ahora el ruido de un tren, que pasa en sentido contrario a otro que pasó hace un minuto. Supongo que el murciélago no ve la luz de mi habitación encendida porque es ciego pero sospecho que presiente mi existencia, porque se acerca. Me da miedo. Una vez me dijeron que un murciélago jamás se podría chocar contra una persona, gracias a su radar natural y de gran alcance. El viento tiró una hoja de papel que pendía de la impresora. Y ahora la impresora hace ruidos inusitados, como si se lamentara por no haber podido sostener la página del ensayo que acabo de imprimir. Persiste el miedo. Igual, continúo. Ahora, los ruidos habituales del portón de la cochera en planta baja. Antes, el viento me pegó en la cara apenas saqué la cabeza afuera. Ya apagué el cigarrillo. Una luz centellea detrás de los viejos árboles. Una luz amarilla y fulgorosa que molesta el ángulo de mi ojo derecho. Y con el izquierdo, creo ver las ventanas del monitor moverse… Ilusión óptica. Sigo… Y entonces vuelvo a escuchar al murciélago. Ahora apoyo el bloc de hojas rayadas sobre el marco de la ventana. Antes, la bocina de un tren de carga que se acercaba a la estación. Segundos después, las ruedas metálicas apretando los rieles mientras… (se me acabó la birome roja) … mientras avanza. Ahora un ruido que no logro identificar bien pero me parece que es un motor en funcionamiento. De una máquina, tal vez. Justo en frente hay una ventana abierta de una habitación con la luz encendida. Alguien más está despierto a estas horas de la madrugada. Olvidé decir que justo cuando se me acabó la birome, di vuelta la hoja y empecé a escribir en el reverso. Ahora, la sombra de mi pelo se proyecta sobre el descanso de madera, debajo del marco de la ventana. Y un pájaro canta. ¿Tan temprano? Ah… Iba a decir que la sombra que se proyecta sobre el descanso de madera la produce el viento conjuntamente con la luz de mi habitación que está ahora justo detrás de mi cabeza. Pero no hace frío. Se detiene el motor y el miedo que me producía fue reemplazado casi inmediatamente por el trinar de un pájaro. (Otro pájaro). Ahora, el motor del colectivo que se detuvo a la vuelta de la esquina, tal vez a recoger pasajeros. O a dejarlos. Lo escucho alejándose. Y ahora, el motor de un auto que pasa velozmente. Pausa. Silencio. Sí, sí. Unos segundos, casi un minuto. Y otra vez el murciélago. Alguien está barriendo la vereda. Otro colectivo, otro auto. Barren más fuerte. Debe haber mucha basura porque barren como si estuvieran lijando madera. Una moto por la calle de la derecha. Un auto veloz por la avenida, sobre la izquierda. Vale aclarar que no veo ni la calle ni la avenida, pero ambas me hablan y entonces, puedo producir la imagen. Se me acaba… (se me acabó la birome negra). Otro colectivo. Éste suena más fuerte. Cambio de hoja. El barrendero municipal sigue con su tarea. No lo veo, lo escucho. Se le cae la escoba. O el cepillo. El golpe abrupto, seco, del palo al caer sobre la vereda. Ahora barre más fuerte. ¿Está molesto? La luz amarilla ya no me molesta porque los árboles dejaron de moverse y ahora la tapan. Recogen la basura. Veo un auto a través de la claraboya de la cochera. Es gris. La bocina de un vehículo sobre la calle de la derecha. Ahora, la frenada. Titubeó, pero finalmente pasó el semáforo en rojo. Decía que el tren avanzaba y emitía el ruido como de una bomba que está por explotar. Otra vez el murciélago. ¿Lo escribí bien? MUR-CIÉ-LA-GO. Sí. La sombra negra de un insecto justo a mi derecha, ¡Molesta el ángulo de mi ojo! Aunque debo haberlo imaginado… ¡Ah! Antes también escuché el ruido de agua que corre. La lamparita produjo un chasquido. Pide que la apaguen. ¡Qué susto! Una especie de tiro, algo parecido, a lo lejos. El agua que corre. Creo que se trataba del tanque de agua justo encima del techo de la cochera. Otro tren, avisa que va a pasar por la estación. Voy a cerrar la persiana. Tengo los dedos acalambrados y necesito ir al baño.

Volví… (¡Birome puta!) Decía… ¡Ah! Sí. Volví para cambiar la última oración. Me urge ir al baño. Cambio y fuera.

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