sábado, 7 de marzo de 2009

Revolutionary Road


Debo decir que hasta el momento en que vi la película, una parte de mí estaba completamente dormida, absolutamente anesteciada. Había estado despierta alguna vez. Pero algo (la ansiedad o la ambición) la había echado a dormir. No es que la película trate un tema (o quiza, una existencia) que es totalmente ajeno a mí. Todo lo contrario. Las relaciones de parejas es una trama que seguí siempre muy de cerca, desde mi casa y en la casa de otros. De familiares y de amigos. No me resulta difícil comprender el accionar y la desventuras de los personajes. De hecho, siento haber sido testigo de situaciones muy similares. Siempre pensé que algo tenía que cambiar, de algún modo preferiblemente sencillo, en la forma de llevar una pareja adelante en este mundo globalizado y tan lleno de podridumbre. Pero también algo tenemos que tener en cuenta cuando estamos junto a esa persona que amamos y admiramos y que es nuestro compañero o compañera. Porque, para mí, eso debería ser una pareja. Una cuestión de camaradería complementaria a lo que sintamos, que generalmente se llama "amor". Tiene que haber, tal vez, un poco de cambio y un poco de conformismo, porque la vida nos lleva de repente hacia alguien como nosotros, alguien con quien queremos compartir muchos momentos felices. ¿No tenemos que agradecer, acaso, haber tenido esa posibilidad de sentir tanto, de compartir tanto? Pero, ¡ojo! A no confundirse. Soy de las personas que opinan que la vida no se termina en encontrar alguien a quien amar y que nos ame (que, lo ideal, es que sea la misma persona ¿no?) Pero "amar" (vamos a seguir las convenciones sociales...) es realmente algo que nos "llena". Algo que nos hace sentir que la vida corre por el cuerpo y que es aire lo que respiramos y tierra lo que estamos pisando y cielo el que vemos por encima de nuestras cabezas. Nos hace volver a creer, aumenta el vigor de nuestros sentidos. Bueno... todo eso es lo que a mí me pasa, al menos. Poder mirar a esa persona a los ojos y sentir tanto... pero tanto. "Quiero sentir cosas", decía DiCaprio (I wanna feel things, en idioma original). Yo también. De eso se trata la vida. ¿No es así?
Pero no hace falta escaparse a París para sentir. Tenemos a ese alguien al lado nuestro. ¿Por qué no aprovecharlo? No importa el lugar, las circunstancias. Esa sola cosa (que convencionalmente llamamos "amor") debería bastarnos para sentir los pulmones un poco más llenos, para sacarnos una sonrisa hasta en el día más tenebroso. No digo que la vida se trate sólo de eso. Hay muchísimas otras cosas que nos hacen feliz, como, por ejemplo, viajar, estar con los amigos, tomar un café con leche en una cabaña en El Chaltén mirando cómo neva del otro lado. Y, tal vez, sean otras gamas del "amor". Lo digo como si fuese un color que va de lo más intenso a lo más ligero, porque así lo veo yo (¿se acuerdan de Neustand?). La cuestión es compleja. Sí. Pero, ahora, sé que no se trata de un trabajo, de una casa, del dinero que uno pueda obtener. La verdad es que siempre lo supe. Ahora, se abre una nueva faceta de esa vida que tanto critiqué. Veo a la gente dedicar demasiado tiempo de la vida a esas "preocupaciones". No es eso lo que importa, sino cómo llevamos el día a día. Hablo de transformar un día común en un día distinto. Eso es lo que nos hace especiales. No conocer el mundo sin mirarlo, o "amar" sin saber lo que es SENTIR verdaderamente. La verdad es que podemos sentir desde lo más pequeño e ignoto. A veces lo que sentimos es que estamos "presos" en un mundito chiquitito chiquitito. ¡Error! A ver... Decime la verdad. ¿Cuantos mosaicos tiene tu piso? ¿Alguna vez te los pusiste a contar? Y, ¿cuantas camisas y remeras blancas tenés en el ropero? ¿Y las prendas negras? Date cuenta. Todavía nos falta ver millones de cosas que conviven con nosotros. Ni hablar de los gérmenes que nos rodean. Darte cuenta te haría el día distinto. Y si lo trasladamos a la pareja. ¿Te detuviste a verla (o verlo) mientras se cepillaba los dientes? La forma en que mueve la mano (¿es la izquierda o la derecha, o las dos?), cómo se mira al espejo mientras pasa las cerdas (¡del cepillo!) por los dientes, si mueve el cepillo de abajo hacia arriba o de izquierda a derecha o viceversa, si lo mueve en pequeños círculos o grandes, si abre bien la boca para llegar a todas las muelas o si omite ese paso? No sé... ¿Nos detenemos a ver esas cosas? ¿Son siempre iguales? Es decir, esas acciones, ¿son iguales todos los días? ¡Stop! Ahora detengámosnos en la mirada de esa persona. ¿Cómo son sus ojos? ¿Qué transmiten? ¿Cómo es el color del iris bajo el sol? ¿Y bajo la sombra? Si todavía nos queda tanto por descubrir de la persona que tenemos al lado, ¿por qué sería aburrido? Y eso que hablo de pequeñeces. Y si se torna aburrido... ¿Qué hacemos? En ese caso, creo que lo más sano es irse por un tiempo. El clásico "me voy de pesca" o "salgo con mis amigas". ¿Qué tiene de malo? Si hablamos de dos personas mentalmente sanas no habría razón para enojarse. Me gustaba mucho la pareja de Meryl Streep y Robert Redford en África Mía. A la que parecía no gustarle mucho era al personaje de Meryl Streep. El tipo se iba por quién sabe cuánto tiempo, ella cuidaba el campo de café (medio enculada) y cuando él volvía, ardía la casa. Tampoco la pabada.
Otro tema... Tal vez, no sea ese el problema. Tal vez, el problema es uno mismo que no intenta ver la felicidad en las pequeñas cosas. En la película, la mujer de la pareja comete el gran error de olvidarse de sus propios sueños. Aunque esa mujer tiene un problema más grande: simplemente, no sabe lo que quiere. No la culpo porque me pasa lo mismo. Tal vez, la actuación no la hacía feliz. Tal vez, era otra cosa. Pero se quedó sin explorar alrededor y, sobretodo, sin explorarse a sí misma. Era madre pero no se había dado cuenta. Era esposa pero tampoco se había dado cuenta. Nada que refleje tanto la realidad. No está bueno que la vida pase frente a nuestras narices y nosotros no nos demos cuenta, ¿no? Pero, sin embargo, pasa. En algún momento u otro, nos sentimos disconformes, cansados de la rutina, cansados de la vida. Y puteamos y nos quejamos. Pero, ¿quién es el creador de esa rutina? ¿Dios? ¿El hombre lobo? ¿Margaret Thatcher? No. Somos nosotros. Es como el librito de "Elige tu propia aventura". Es así. Cuando lo tenés todo, ¿qué más querés? ¡Ojo! ¡Cuidado! Con esto no estoy diciendo que hay que ser conformista. Nada más lejos que eso. El conformismo no está en mi diccionario y, de hecho, eso es un gran error. Como todo en la vida... debe haber un equilibrio. Mucho de algo nunca es bueno (lo decían las Spice Girls).
La película, más que nada, describe ese tipo de pareja que vive en la ciudad, llena de vicios y tentaciones (desde el cigarrillo hasta el engaño). Es lindo vivir en la ciudad, ¿no? Pero aprendamos a separar lo bueno y lo malo del lugar y tratemos de dirigirnos, en lo posible, a lo bueno. Considero que si leyeron hasta acá es porque realmente están buscando ese camino y, tal vez, no lo encuentran. Pero no sé por qué lo considero... debe ser intuición (cualquier feminista diría que la "intuición" es en realidad "inteligencia", sólo que los hombres no se animan a reconocerlo y disfrazan una palabra con otra). A todo esto, la ciudad ha creado un ritmo casi paranoico donde todos se entremezclan, se aglomeran, circulan con velocidad. ¿Está en nosotros ese ritmo o es que nos contagiamos? Y bueno... ahí uno verá. Pero, hay que tener cuidado. La ciudad nos hace creer, muchas veces, que somos grandes, que somos "especiales". Y en una gran ciudad sólo circula gente común, ¡como en cualquier parte del mundo!. Me acuerdo de eso que Kate Winslet decía, que nos creemos tan especiales y superiores y no somos nada especial ni superior. ¡Es verdad! Si al fin y al cabo, ¡hacemos lo mismo que hace todo el mundo! ¿O, acaso, no trabajamos para empresas (ya sea en dependencia o freelance), y ahorramos y gastamos plata para pagar la casa, el auto, la cochera, el ABL (a quien le toca), la guita que le debemos a los viejos y las clases de inglés? Y bueno... la vida es lo que uno elige vivir. Soy de esas que cree que siempre existe una alternativa para vivir como queremos. Creo que siempre podemos elegir (salvo ciertas situaciones fuera de nuestro control como, por ejemplo, cuando te apuntan con un arma). Será cuestión de escucharnos más, entonces. Perdón, me corrijo. Será cuestión de escucharme más. Si, al fin y al cabo, la única finalidad de escribir este texto es comprenderme a mí misma y poder precisar lo que quiero. Yo también tengo mucho que aprender. Lo que digo no lo digo por sabia, lo digo como simple observadora, porque soy apenas una novata en el mundo. Pero, hoy, la película me hizo recordar cuánto me gustan las pequeñeces de la vida. Tal vez, después de esta reflexión, pueda volver a Mar del Plata.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Supongo que el amor es un sentimiento connatural al hombre, pero lo que debería ser además de natural, obligatorio, es ser libre, que no sentirse. Véase,hacia rutas salvajes, sean penn
El amor está bien sin edulcorante, dejemos el azúcar par los dulces, véase amor a quemarropa, tony scott


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